Retratos ilustrados

Comencé a hacer retratos ilustrados por petición popular. No era algo que yo tuviera pensado hacer, siempre he tenido un poco de trauma con los “parecidos”… inseguridades que tiene una y que cuesta quitarse de encima.

No tengo imágenes de esos primeros retratos, pero os puedo contar un poquito de ellos, porque fueron los que dieron pie a cómo los trabajo ahora.

Como ya os he confesado, tenía un pequeño trauma. No tenía base real, mis personas se parecían a las personas que se tenían que parecer, pero me enfrentaba a cada uno con cierto grado de terror (sí, terror).

Así que empecé a plantearme cada retrato como un personaje: conocer su historia y definir los elementos que lo caracterizan: físicos (pelo, vestuario, expresión…) y personales (expresiones, cosas que le gustan, a qué se dedica, momentos importantes de su vida…) Pinté a una pareja en el sofá de The Wire. J.A., que cultiva tomates de secano, acabó en un vergel regando tomates con cuentagotas. O a J., que corre maratones de montaña, le coloqué sobre una montaña de kilómetros.

Y poquito a poco, toda la literatura que rodea a un retrato me la habéis ido dando vosotros. Me he convertido en especialista en retratos en los que el protagonista está rodeado de las personas o animales que más le gustan, realizando sus aficiones secretas… Y también cumpliendo deseos: paseando por los lugares en los que nunca ha estado o realizando lo que siempre ha deseado.

Poquito a poco, fui convirtiendo mi debilidad, ese miedo a que no se parecieran, en una forma de realizar retratos especiales y ya no solo por el estilo, que ese no me le puedo quitar de encima, sino porque contienen un montón de mensajes importantes.

> ¿Quieres un retrato ilustrado?

> ¿Quieres pintar tus propios retratos?

 

 

Deja un comentario